El futuro de Yamaha está sellado, el motor V4 ocupará el lugar del histórico inline-4 ya en 2026 -último año de la MotoGP de 1000 cc- para dejar paso al "hermano pequeño" de 850 cc en 2027, cuando cambie el reglamento técnico de la categoría reina. La confirmación oficial por parte de Iwata aún no ha llegado, pero el piloto probador Augusto Fernández explicó en Malasia que "ya no planea probar con la 4 en linea4".
En Iwata decidieron la revolución hace menos de dos años y pusieron en pista la nueva M1 en un tiempo récord: a principios de 2025 las primeras pruebas en pista y en el GP de San Marino el debut en carrera. En los últimos meses, incluso los pilotos han podido probarla, y el más crítico fue Quartararo."Nueva moto, viejos problemas" podría resumirse su opinión tras los tests de Misano. Se puede entender, porque Fabio es un pura sangre y lleva esperando (demasiado tiempo) una moto que le permita ganar.
Razonando con la cabeza en lugar de con el corazón, sin embargo, es comprensible que la M1 V4 no pueda estar todavía al nivel de la moto actual. De hecho, sería extraño lo contrario. También porque la Yamaha con el 4 en línea no es lenta ni mucho menos, sino todo lo contrario. Con ella, este año, Quartararo ha conquistado 5 pole positions y en el ranking de los mejores pilotos en clasificación sólo está por detrás de los dos hermanos Márquez. Los problemas vienen en carrera, porque contra los V4 no puede explotar sus puntos fuertes en las reyertas y, por tanto, sufre.
Yamaha ha querido alinearse con sus rivales para poder jugar en igualdad de condiciones, pero el camino es largo y difícil. Así lo demuestran los resultados de Fernández en las dos carreras wild-card del Gran Premio de San Marino y Malasia. Cuando se lleva una moto de laboratorio a la carrera, los resultados no cuentan y entonces hay que mirar los números, los de los huecos.
No se puede decir que la V4 en Misano empezara mal, en calificación Augusto sacó 1"331 a la pole y algo más de un segundo a Quartararo, pero en una pista donde las diferencias son históricamente limitadas. En las carreras se pudieron ver los límites de un proyecto incipiente. En el Sprint la diferencia con el primero fue de casi medio minuto y superó el minuto en el GP. La diferencia con la mejor Yamaha del sábado se contuvo en poco más de 11 segundos, pero Quartararo se cayó y por eso los casi 41 del domingo son mucho más realistas.
Misano sirvió para entender dónde trabajar, pero desde ese momento hasta Sepang Fernández no tuvo más pruebas. En Malasia se encontró con una moto profundamente cambiada y sin base."Normalmente se hacen cambios del orden de milímetros, nosotros trabajamos en centímetros. Cada vez que entro en pista tengo que entender cómo pilotar", explicó durante el último fin de semana.
Sepang es un 'pistón' y en clasificación las diferencias son casi el doble que en Misano. En las carreras, sin embargo, en general la V4 rindió mejor. Se quedó lejos de Quartararo y de la cabeza, pero los números certifican cierto progreso.
El problema, es que resulta difícil evaluar el rendimiento de la nueva M1, porque los ingenieros han decidido "castrar" el motor. Estos dos comodines eran esenciales para recoger el máximo de datos posibles, por lo que se decidió quitar potencia para no correr riesgos con la fiabilidad.
Aquí también canta el papel. Fernández fue el último en velocidad punta en Misano, pero todo en la línea de las Yamaha con el inline-4. La diferencia con el mejor (Oliveira) fue de sólo 4,1 km/h, mientras que la del más rápido (Bezzecchi con la Aprilia) se acercó a los 10 km/h.
Sepang, sin embargo, es otra historia. Es un circuito con largas rectas donde también se necesita músculo en aceleración, y de hecho Augusto lo pagó más caro. Miller rozó los 336,4 km/h, Fernández paró 329,2.
El probador no parecía muy convencido de la opción de recortar potencia:'sería el momento de devolverla, también para entender cómo se comporta la moto a plena potencia'. Porque un motor 'despotenciado' cambia su carácter. Sin embargo, tuvo que poner buena cara.
En Valencia volverá a la competición (y antes habrá un test en Aragón), luego la pelota pasará al tejado de los pilotos de fábrica. El invierno será decisivo para tener alguna esperanza en 2026. La apuesta de Yamaha es arriesgada y no pueden permitirse perderla.


