La World Ducati Week sigue adelante, pero la Race of Champions del domingo se presenta con varias ausencias y con muchos pilotos que han optado por no forzar.
De hecho, en Misano no estarán Iker Lecuona, que se ha quedado con su familia tras el nacimiento de su hijo, ni los dos pilotos de Gresini, Álex Márquez y Fermín Aldeguer. El primero sigue lidiando con las secuelas de las caídas y las abrasiones sufridas en Assen, mientras que el segundo está de baja por la fractura de una vértebra que se produjo en el GP de Holanda. Michele Pirro, por su parte, ha conseguido aguantar el tipo tras una caída en los entrenamientos.
Más allá de las ausencias, sin embargo, el paddock de Ducati también ofrece una reflexión más general. El calendario de MotoGP sigue alargándose y sus efectos comienzan a ser cada vez más evidentes. Con 22 Grandes Premios y 22 carreras sprint, el campeonato se ha convertido en una auténtica maratón física y mental, en la que incluso un evento festivo como la World Ducati Week se afronta inevitablemente pensando en la gestión de la energía.
Así lo demuestra también Marc Márquez. El español, protagonista absoluto de la temporada 2025, ha salido regularmente a pista en Misano, pero sin buscar el límite. En los entrenamientos de la Race of Champions ha preferido dosificar el esfuerzo, cerrando con el 12.º mejor tiempo, muy lejos de las primeras posiciones.
Una actitud que dice más que mil palabras, ya que hoy en día, entre carreras, sprints, pruebas y desplazamientos constantes, los pilotos se ven obligados a elegir con cuidado cuándo realmente merece la pena arriesgarse.
El domingo a las 12:40, la Race of Champions llevará de todos modos a la pista a los grandes nombres de Ducati, desde Francesco Bagnaia hasta Marc Márquez, pasando por Nicolò Bulega. Pero, en comparación con el pasado, da la impresión de que esta exhibición se vive cada vez más como un paréntesis que hay que afrontar con prudencia, más que como una carrera en la que jugárselo todo hasta la última curva. Excepto, quizás, en el caso de Nicolò Bulega, cuyo paso a MotoGP con el equipo VR46 aún no se ha anunciado oficialmente.
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En comparación con el pasado, da la impresión de que esta prueba se vive cada vez más como un paréntesis que hay que afrontar con prudencia, más que como una carrera en la que hay que jugárselo todo hasta la última curva.